A) La norma suprema del cristiano es el amor. Si hay amor verdadero hacia nuestro prójimo, no podremos desear cosa alguna que le profane, que le degrade, que le explote sexualmente, que arruine su condición moral y espiritual. Aun los más degenerados reaccionarían con ira si supiesen que lo que ellos intentan, lo intentan otros con su madre, su esposa, su hermana, su hija… Apliquemos la «Regla de Oro» a cada caso, y no seamos egoístas