Cuatro aspectos de «la Justicia«
Una diferencia vital entre Dios y el hombre que la Escritura enfatiza es que Dios es justo (1 Jn. 1:5), mientras que, según Romanos 3:10, el cargo fundamental hecho a los seres humanos es que <
Las Escrituras distinguen cuatro aspectos de la justicia.
A. DIOS ES JUSTO
Esta justicia de Dios es invariable e inmutable (Ro. 3:25, 26). El es infinitamente justo en su propio Ser e infinitamente justo en todos sus caminos.
Dios es justo en su Ser. Es imposible que El se desvíe de su propia justicia, ni siquiera como por una <
Dios es justo en sus caminos. Debe también reconocerse que Dios es incapaz de considerar con ligereza o con ánimo superficial el pecado, o de perdonarlo en un acto de laxitud moral. El triunfo del evangelio no radica en que Dios haya tratado con lenidad el pecado; sino más bien en el hecho de que todos los juicios que la infinita justicia tenla necesariamente que imponer sobre el culpable, el Cordero de Dios los sufrió en nuestro lugar, y que este plan que procede de la mente del mismo Dios es, de acuerdo a las normas de su justicia, suficiente para la salvación de todo el que cree en El. Por medio de este plan Dios puede satisfacer su amor salvando al pecador sin menoscabo de su justicia inmutable: y el pecador, que en si mismo está sin ninguna esperanza, puede verse libre de toda condenación (Jn. 3:18; 5:24; Ro. 8:1; 1 Co. 11:32).
No es raro que los hombres conceptúen a Dios como un Ser justo; pero donde fallan a menudo es en reconocer que cuando El efectúa la salvación del hombre pecador, la justicia de Dios no es ni puede ser atenuada.
B. LA AUTOJUSTICIA DEL HOMBRE
En completa armonía con la revelación de que Dios es justo tenemos la correspondiente declaración de que ante la mirada de Dios la justicia del hombre (Ro. 10:3) es como <
C. LA JUSTICIA IMPUTADA DE DIOS
Como se ha recalcado en las discusiones previas en cuanto a la doctrina de la imputación, la importante revelación de la imputación de la justicia de Dios (Ro. 3:22) es esencial que la comprendamos tanto sobre los principios sobre los cuales Dios condena al pecador como sobre los principios sobre los cuales Dios salva al cristiano. Aunque la doctrina es difícil de entender, es importante comprenderla como uno de los mayores aspectos de la revelación de Dios.
1. El hecho de la imputación es subrayado en la imputación del pecado de Adán a la raza humana con el efecto de que todos los hombres son considéralos pecad ores por Dios (Ro. 5:12-21). Esto se desarrolla más aún en el hecho de que el pecado del hombre fue imputado a Cristo cuando El se ofreció coma ofrenda por el pecado del mundo (2 Co. 5:14, 21; He. 2:9; 1 Jn. 2:2). Así también la justicia de Dios es imputada a todos los que creen, para que ellos puedan permanecer delante de Dios en toda la perfección do Cristo. Por causa de esta provisión se puede decir de todos los que son salvos en Cristo que ellos son hechos justicia de Dios en El (1 Co. 1:30; 2 Co. 5:21). Siendo que esta justicia es de Dios y no del hombre y que, según lo afirma la Escritura, ella existe aporte de toda obra u observancia de algún precepto legal (Ro. 3:21), es obvio que esta justicia imputada no es algo que el hombre pueda efectuar. Siendo Ia justicia de Dios, ella no puede ser aumentada por la piedad de aquel a quien le es imputada, ni tampoco disminuir por causa de su maldad.
2. Los resultados de la imputación se ven en que la justicia de Dios es imputada al creyente sobre La base de que el creyente está en Cristo por medio del bautismo del Espíritu. A través de esa unión vital con Cristo por el Espíritu el creyente queda unido a Cristo como un miembro de su cuerpo (1 Co. 12:13), y coma un pámpano a la Vid verdadera (Jn. 15:1, 5). Por causa de la realidad de esta unión Dios ye al creyente coma una porte viviente de su propio Hijo. Por lo tanto, El ama al creyente coma ama a su propia Hijo (Ef. 1:6; 1 P. 2:5), y considera que él es lo que su propio Hijo es: la justicia de Dios (Ro. 3:22; 1 Co. 1:30; 2 Co. 5:21). Cristo es la justicia de Dios; por consiguiente, aquellos que son salvos son hechos justicia de Dios por estar en El (2 Co. 5:21). Ellos están completos en El (Co. 2:10) y perfeccionados en El para siempre (He. 10:10, 14).
3. En las Escrituras se nos dan muchas ilustraciones de la imputación. Dios proveyó túnicas de pieles para Adán y Eva y para obtenerlas fue necesaria el derramar sangre (Gn. 3:21). A Abraham le fue imputada justicia por haber creído a Dios (Gn. 15:6; Ro. 4:9-22; Stg. 2:23), y coma los sacerdotes del tiempo antiguo se vestían de justicia (Sal. 132:9), así el creyente es cubierto con el manto de la justicia de Dios y será con esa vestidura que estará en la gloria (Ap. 19:8).
La actitud del apóstol Pablo hacia Flemón es una ilustración tanto del mérito como del demérito imputados. Refiriéndose a! esclavo Onésimo, dice el apóstol: <
4. La imputación afecta la posición y no el estado. Existe, por lo tanto, una justicia de Dios, que nada tiene que ver con las obras humanas, que está en y sobre aquel que cree (Ro. 3:22). Esta es la posición eterna de todos los que son salvos. En su vida diana, a estado, ellos se hallan muy lejos de ser perfectos, y es en este aspecto de su relación con Dios que deben <
5. La justicia imputada es la base de la justificación. De acuerdo a su usa en el Nuevo Testamento, las palabras “justicia” y “justificar” vienen de la misma raíz. Dios declara justificado para siempre a aquel que El ve en Cristo. Este es un decreto equitativo, ya que la persona justificada está vestida de la justicia de Dios. La justificación no es una ficción o un estado emotivo; sino más bien una consideración inmutable en la mente de Dios. Al igual que la justicia imputada, la justificación es por fe (Ro. 5:1), por media de la gracia (Tit. 3:4-7), y se hace posible a través de la muerte y resurrección de Cristo (Ro. 3:24; 4:25). Es permanente e inmutable, pues descansa solamente en los méritos del eterno Hijo de Dios.
La justificación es más que el perdón, porque el perdón es la cancelación de la deuda del pecado, mientras que la justificación es la imputación de justicia. El perdón es negativo (supresión de la condenación), en tanta que la justificación es positiva (otorgamiento del mérito y posición de Cristo).
Al escribir de una justificación por media de obras, Santiago se refería en la a la posición del creyente delante de las hombres (CTG. 2:14-26); Pablo, escribiendo de la justificación por la fe (Ro. 5:1), tenía en mente la posición del creyente delante de Dios. Abraham fue justificado delante de los hambres demostrando su fe pan medio de sus obras (Stg. 2:21); asimismo, él fue justificado por fe delante de Dios por la justicia que le fue imputada (Stg. 2:23).
D. LA JUSTICIA IMPORTIDA POR EL ESPIRITU
Lleno del Espíritu, el hijo de Dios producirá las obras de justicia (Ro. 8:4) del «fruto del Espíritu» (Ga. 5:22-23) y manifestará los dones para el servicio que le han sido dados pon el Espíritu (1 Co. 12:7). Se establece claramente que estos resultados se deben a la obra que el Espíritu realiza en y a través del creyente. Se hace referencia, por tanto, a un modo de vida que en un sentido es producido por el creyente; mejor dicho, es un modo de vida producido a través de él por el Espíritu. Para aquellos que <
Esto nunca podría sen cumplido por ellos. Cuando es realizada por el Espíritu, ella no es otra cosa sino la vida que es la justicia impartida por Dios.