Estudios Biblicos acerca del Caracter de Jesucristo según las Sagradas Escrituras
¿Qué clase de hombre era nuestro Señor? ¿Cuáles fueron algunas de sus características? Considérense:
A. Su celo (Jn.2:17).
1. Su celo le obligó a permanecer en Jerusalén de niño (Lc.2:49).
2. Su celo le llevó a convertirse en el primer predicador de circuito (Lc.4:42-44; 8:1).
3. Su celo hizo que sus amigos pensaran que estaba loco.
Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí (Mr.3:21).
Las palabras «está fuera de sí» pueden ser parafraseadas así: «Se ha vuelto loco por la religión.»
4. Su celo lo impulsó a arriesgar la vida para purificar el templo (Jn.2:15-17).
5. Su celo no lo dejó descansar hasta que hubo cumplido su misión.
«Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido? De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!» (Lc.12:49, 50).
B. Su compasión (He.5:2).
1. Por las multitudes sin pastor.
«Y al ver las multitudes,- tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor» (Mt.9:36).
2. Por las multitudes enfermas.
«Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos» (Mt.14:14).
3. Por las multitudes hambrientas.
«Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo:
Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino» (Mt.15:32).
4. Por una viuda (Lc.7:13).
5. Por un leproso (Mr.1:41).
6. Por un padre (Mr.9:22, 23).
7. Por un endemoniado (Mr.5:19).
C. Su mansedumbre y bondad (2Co.10:1; 1P.2:2 1, 22).
1. Al tratar nuestras debilidades.
«He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi Amado, en quien se agrada mi alma; pondré mi Espíritu sobre él, y a los gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz. La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio. Y en su nombre esperarán los gentiles» (Mt.12:18- 21).
2. Al lavar los pies de los discípulos (Jn.13:4, 5).
3. En sus propias palabras.
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mt. 11:28-30).
4. En sus sufrimientos y muerte.
«Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca» (Is.53:7).
D. Su valor.
1. Demostrado en la proclamación en su ciudad natal (Lc.4:16-30). Durante su primer sermón registrado en Nazaret, señaló valientemente la incredulidad histórica de Israel que hizo que Dios, aun en la época del Antiguo Testamento, dejara de lado a veces al pueblo escogido y bendijera a gentiles creyentes en su lugar. Hubo un intento de asesinato al final de su mensaje.
2. Demostrado en sus dos purificaciones del templo (Jn.2:13-17; Mt.21:12-16). La primera se llevó a cabo al comienzo de su ministerio y la segunda durante la semana final. Las dos exigieron gran valor personal.
3. Demostrado en su ministerio intrépido a un loco (Mr.5:1-9). Ningún cobarde hubiera osado enfrentar (como lo hizo nuestro Señor) a este lunático violento que sin duda poseía fuerza sobrehumana y satánica.
4. Mostrado en que arriesgó su vida para levantar a Lázaro de los muertos (Jn.11:7, 8, 16, 53). Estaba plenamente consciente (al igual que sus asustados discípulos) de que un viaje a Betania en este momento sencillamente invitaría a los judíos enfurecidos a tratar de apedrearlo nuevamente. (Véase Jn.11:8.) Pero fue de todos modos.
5. Mostrado en su denuncia de los malvados fariseos (Mt.23). Nunca en la historia escrita se reprendió tan completa y severamente a un grupo de hipócritas religiosos como lo hizo el Salvador con los malvados fariseos en Mateo 23. Además, condenó a este grupo poderoso y pervertido en persona.
6. Mostrado en su actitud hacia el Calvario.
«Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenará a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará» (Mr.10:32-34).
«Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén» (Lc.9:51).
E. Su amor (Jn.15:13). Como miembro de la Trinidad, Cristo naturalmente ama aquello que su Padre ama. Sin embargo, cuando estaba en el mundo, amó especialmente a:
1. Su Padre (Jn.14:31; 15:10).
2. Sus discípulos (Jn.13:34; 17:2, 9, 12; 19:25-27).
3. Niños pequeños (Mr.10:13-16).
4. Ciertos amigos íntimos (Jn.11:1-3; 13:23).
5. La ciudad de Jerusalén (Mt.23:37; Lc.19:41).