En Marcos 16:15-18, el Señor da la Gran Comisión como orden a los creyentes para la evangelización del mundo. “Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.”
¿Cómo se habría de efectuar esta evangelización? No por medio del uso de tretas o invenciones mecánicas ingeniosas, sino a través de determinadas señales milagrosas que son manifestadas por medio de los dones del Espíritu.
No ha sido fácil evangelizar a los paganos. William Carey, el primer misionero de los tiempos modernos, laboró seis años para ganar a un sólo convertido. La evangelización de las naciones ha sido un proceso lento y tedioso. Los misioneros han trabajado todas sus vidas para ganar unas cuantas almas.
Contraste esto con los resultados de los grandes avivamientos de las masas conducidos por aquellas personas que tienen ministerios con señales de dones.
SEÑALES DE DONES ENTRE LOS MAHOMETANOS
Hace unos cuantos años que un hermano principió una campaña en un país mahometano. Se reunieron unos diez mil musulmanes para escucharle. No eran verdaderamente hostiles pero tampoco estaban ellos convencidos de que Jesús es el Hijo de Dios, o de que Él está vivo. Se les había enseñado que Él era un profeta al igual que Mahoma. El evangelista hizo una proposición a la gente.
Si Cristo sanaba a las personas ante los ojos de ellos, dándole vista a los ciegos, haciendo oír a los sordos, y facultando a los cojos para andar, ¿creerían ellos? Estuvieron de acuerdo en que sí lo harían. Así que principió, cuando estos milagros realmente empezaron a efectuarse, y el pueblo los vio con sus propios ojos, aquel gran auditorio de musulmanes comenzó a gritar, “Jesús vive, ¡Jesús vive! ¡Jesús es el Hijo de Dios! Él sana nuestras gentes.”
El gran propósito de los dones del Espíritu es dar confirmación al evangelio.