DISPOSICIONES NECESARIAS PARA EL ESTUDIO PROVECHOSO DE LAS ESCRITURAS

Ya hemos estudiado que la Biblia es la revelación de Dios. Por ella podemos conocer Su carácter y saber como adorarle en una forma correcta y agradable ante Sus ojos. Es el privilegio de toda persona que lea la Biblia. Pero nos damos cuenta que muchos la leen y no sacan el verdadero provecho de ella. La razón es que no leen el Santo libro con el verdadero espíritu con que debe leerse. Estudiemos a continuación algunas disposiciones necesarias para el estudio provechoso de las Escrituras.

1. SE NECESITA UN ESPIRITU RESPETUOSO.
Por ejemplo, un hijo irreverente, ligero y frívoro, ¿qué caso hará de los consejos, avisos y palabras de su padre? La Biblia es la revelación omnipotente. Es el milagro permanente de la soberana gracia de Dios. Es el código divino sellado con la sangre de Cristo. Ante tal maravilla, el hombre irreverente se hallará como el ciego ante los majestuosos Alpes de Suiza, o peor aún, como el insensato que echa lodo sobre el monumento artístico, al que todo el mundo admira. He aquí el Espíritu, a la vez reverente y humilde con que contemplaban la Palabra de Dios, los cristianos del primer siglo. «Damos gracias a Dios sin cesar de que habiendo recibido la palabra de Dios que oísteis de nosotros recibísteis no palabra de hombre, sino, según es en verdad, la palabra de Dios.» (I Tes. 2:13) Ahora, fíjese lo que dice Dios: «A aquel miraré que es pobre y humilde de espíritu y que tiembla a mi palabra.» (Isa. 66:2) Estudie la Biblia con este sentimiento de humildad y reverencia y descubrirá, como el Salmista, «las maravillas de su ley.»

2. LA BIBLIA DEBE ESTUDIARSE CON ORACION.
En nuestra oración debemos pedir la asistencia del Espíritu Santo para poder comprender las lecciones que Dios ha querido enseñar por medio de Su Palabra. La oración del salmista debe ser nuestra oración: «Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley». (Sal 119:18) El Espíritu Santo debe ser nuestro maestro (Juan 14:26, 16:13). La oración, además prepara nuestro Espíritu para poder oir con claridad la voz de Dios por medio de Su Santa Palabra. Hemos de encontrar pasajes difíciles de interpretar, pero, por medio de la oración podemos pedir sabiduría del Señor, según El nos lo ha prometido para obtener la interpretación correcta. (Sant. 1:5)

3. SE NECESITA UN ESPIRITU DOCIL PAR AEL ESTUDIO DE LA BIBLIA PROVECHOSO.
Pues, ¿qué se aprenderá en cualquier estudio si falta la docilidad para disponer nuestra manera de pensar y aceptar lo que es correcto? Cuando se carece de esta docilidad pasará lo que dice Pablo del «hombre animal»: «El hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente.» Sacrifíquese, pues, las preocupaciones, las opiniones preconcebidas e ideas favoritas y empréndese el estudio en el espíritu dócil del verdadero discípulo para ganar a Cristo. (Fil. 3:8) Debe tenerse siempre en cuanta que la obscuridad y aparente contradicción que se pudiera encontrar no reside en el maestro, ni en su infalible libro de texto, sino en el corto alcance del discípulo. (II Cor. 4:4). Pero el discípulo humilde y dócil que, abandonando a este maestro que ciega los entendimientos adopta a Cristo por su maestro, verá y entenderá la verdad, porque Dios promete «encaminar a los humiodes por el juicio y enseñará los mansos su carrera». (I Cor. 2:14, II Cor. 4:3-4, Sal. 52:9)

4. ES PRECISO SER AMANTE DE LA VERDAD.
¿Quién se cuidará de buscar con afán y recoger lo que no aprecia o estima? Es de necesidad imperiosa para el estudio de la Sagrada Escritura poseer un corazón amante de la verdad. Y téngase presente que el hombre no posee por naturaleza tal corazón, sino al contrario, un corazón que huye de la verdad espiritual y abraza con preferencia el error. «La luz vino al mundo pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz». Dice aún más, que la «aborrecieron» y en su creciente ceguedad pasaron del aborrecimiento a la persecución y de la persecución a la crucifixión del Maestro. Al que estudia la Biblia con el supremo deseo de encontrar en ella la verdad, «el Padre de Gloria dará espíritu de sabiduría y de revelación» para su conocimiento. (I Ped. 2:1-2, Ef. 1:17, Juan 3:19-20, Sal. 25:14, Juan 7:17)

5. DEBE SER PACIENTE EN EL ESTUDIO.
¿Qué adelanto hará una persona impaciente e inconstante en cualquier trabajo que emprenda? Para el estudio provechoso de la Biblia se necesita esta virtud. Al decir Jesús: «Escudriñad las Escrituras» (Juan 5:39) se vale de una palabra que denota el trabajo del minero que cava y revuelve la tierra buscando con diligencia el preciso mineral. Las Escrituras, necesariamente eben ser ricas en contenido e inagotables, como las entrañas de la tierra. Y por lo mismo, sin duda, Dios ha dispuesto que en algunas partes fuesen profundas y de difícil penetración. Por otra parte, el fruto de la paciencia es deleitoso y cuanto más paciencia se ha empleado para encontrar un tesoro, tanto más se aprecia y tanto más felicidad produce. En el estudio de las Escrituras debemos manifestar esa «nobleza» que manifestaron los cristianos de Berea de quienes nos dice la Biblia que «fueron más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues, recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras». El estudio paciente de las Escrituras nos hará exclamar como el salmista: «!Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.» (Hech. 17:11, Sal. 119:103)




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