CÓMO MANEJAR CONFLICTOS EN LA IGLESIA
Manual de Formación de Líderes
Los conflictos vienen, los conflictos van. Muchos se dan porque las personas emocionalmente inestables parecen ser espiritualmente saludables. En muchas ocasiones, hasta los líderes que parecen espiritualmente saludables tienen sus propios conflictos.
Es evidente que los conflictos que se manifiestan en la iglesia reflejan aquello que perturba a las personas involucradas en ellos. Los conflictos mantienen a las personas en prisiones emocionales. ¿Se pueden evitar? ¿Puede sacarse ventaja de ellos? ¿Cómo salir de ellos? ¿Cómo manejar los conflictos internos de la congregación? En cantidad de circunstancias se quedan enredados y cuesta sacarlos. Pero,
realmente, ¿ayudan a la congregación?
CONFLICTO ABIERTO
Construyendo una comunidad a partir de la controversia 1Jn.3.14, 15;1 Cor.13
A continuación se comenta la manera bíblica de tratar el conflicto en la iglesia.
Dada la variedad de personas y ministerios que hay en la iglesia, ¿cómo es que la iglesia se mantiene unida?
Unidad no es la palabra que usamos para describir las relaciones en nuestra congregación. El concepto popular de unidad es una fantasía en la que los desacuerdos jamás salen a la luz y las opiniones contrarias nunca se manifiestan con fuerza. Nosotros en cambio esperamos que haya desacuerdos en nuestra iglesia, y que sean grandes. Así que en vez de unidad, usamos la palabra comunidad. El sello de la comunidad —la verdadera unidad bíblica— no es la ausencia de conflicto. Es la presencia de un espíritu conciliador.
¿Cómo se les enseña a las personas a pelear de manera justa?
Primero, se debe reconocer que el conflicto es inevitable. Luego se va al siguiente paso y se les indica que cuando ofendan a alguien —no si, sino cuando— tienen la responsabilidad bíblica de tomar el camino hacia la resolución del conflicto.
Eso significa ir directamente donde la persona con la que se está teniendo este conflicto en vez de formar un grupo de guerrilleros para emboscarla después.
También se enseña una especie de responsabilidad «a la inversa». Ya sea en las reuniones del equipo ministerial o delante de la congregación, se les dice que si alguien que ha ofendido a otra persona llega donde uno para entablar una conversación del tipo: «¿acaso no tengo yo la razón?», uno tiene la responsabilidad bíblica de interrumpirlo a mitad de la frase y decirle: “Creo que estás hablando con la
persona equivocada. Por favor, ve con la persona con la que estás teniendo este conflicto y traten de resolverlo en una manera que glorifique a Dios”.
Al esperar que las personas peleen, y al enseñarles cómo hacerlo, ¿no han creado ustedes mayor conflicto en la iglesia?
Sí. Pero gran parte de este conflicto es abierto. El conflicto que no se manifiesta abiertamente envenena a la iglesia y al final daña a todos. Preferimos tener conflicto abierto dentro de la comunidad antes que mostrar una máscara de unidad.
¿Cuáles son los problemas que el liderazgo no debe tolerar?
En primer lugar, no se debe tolerar la infidelidad bíblica, es decir, que se rebajen las claras enseñanzas de Cristo.
En segundo lugar, se insiste en el cumplimiento de las Escrituras, el «vivir» las enseñanzas de Cristo. No sólo hay que defender la infalibilidad y autoridad de las Escrituras, sino también la indisputable importancia de aplicar, de una manera práctica, la enseñanza bíblica a nuestra vida diaria.
En tercer lugar, se espera que los líderes laicos y del equipo ministerial de nuestra iglesia se embarquen en la visión básica de la congregación.
El último aspecto no negociable es la disciplina verbal. Demasiado a menudo nuestra disciplina verbal desaparece en medio de una confrontación. Las personas hacen afirmaciones utilizando las palabras “siempre” y “nunca”, exageran la verdad o descuidan los hechos. Sube el tono de voz. Y después nos preguntamos por qué no tuvimos éxito en encontrar una solución.
¿Existen ciertos tipos de personas que sean más propensas a crear conflicto?
Las personas que no son emocionalmente saludables son las más propensas a causar conflictos. En contraste, las personas saludables tienen menos probabilidades de internalizar las diferencias de opinión y de asumir lo peor. Por eso, se asume el compromiso de colocar personas saludables en los puestos claves de liderazgo, tanto a nivel de equipo ministerial como laico.
¿Cómo pueden ustedes estar seguros de que la persona a la que le dan un cargo es saludable?
No se puede estar cien por ciento seguro. Pero una persona que nunca ha tenido luchas con respecto a cómo la manera en que ha sido criada afecta su relación de adulto es candidata segura para grandes conflictos.
En el proceso de nuestra entrevista, a menudo preguntamos si la persona fue criada en una familia perfecta. Por supuesto, en la gran mayoría de los casos la respuesta es no. Luego, intentamos ir más a fondo al preguntarle de qué manera le fallaron sus padres y cómo ha lidiado con ello.
Por lo general, las personas que van camino hacia una condición saludable pueden contestar que sí a dos preguntas importantes: (1) ¿Admites que llevas una carga de tu pasado? (2) ¿Intentarás encontrar una solución honesta para no distorsionar tus relaciones y tu trabajo aquí?
¿De qué manera una persona no saludable puede crear conflictos innecesarios?
A menudo, una persona no saludable dirá que sí cuando debería decir que no. Por ejemplo, se buscan personas que, cuando se les pida que hagan trabajo adicional, tengan la salud emocional suficiente como para decir: “En estos momentos estoy hasta el cuello. No podré cumplir con ese trabajo para el plazo establecido. ¿Podemos ver cómo hacer el trabajo de otra manera?”
Otro indicio claro es cuando una persona no puede sujetarse a una evaluación constructiva y hecha con amor. Si la persona está aterrada por el proceso de evaluación o muestra hostilidad hacia éste, generalmente existe un problema subyacente que debe ser explorado y comprendido.
¿Cuáles son algunas precauciones estándar para cortarle el paso al conflicto innecesario?
Si percibimos cierta tensión con alguien, debemos detenernos y preguntarle a la persona si está todo bien entre nosotros. Una vez al mes tenemos un tiempo de preguntas y respuestas con el equipo ministerial y, adicionalmente, tenemos sesiones regulares de respuestas con aquellos que trabajan en los ministerios secundarios.
Cuanto más interactivos seamos, tanto más evitaremos los conflictos graves, porque haremos que las personas hablen antes de que el conflicto deje de manifestarse abiertamente.