2. Finalidad del matrimonio
Los fines del matrimonio son dos:
A) Manifestar la imagen de Dios en el hombre de una manera COMPLETA. Notemos que Gen. 1:27 une estrechamente las dos facetas: «a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Por eso, los judíos llaman al matrimonio «qidushim» = santidades, porque está hecho para que varón y mujer se ayuden mutuamente a preservar santa la imagen de Dios impresa en sus personas.10 Ahora bien, Dios, en la infinitud de todas sus perfecciones, tiene completamente equilibrados su conocimiento y su amor. Por eso, la imagen de Dios se halla completa y equilibrada cuando el predominio de cabeza y razón en el nombre se contrapesa y equilibra con el corazón e intuición de la mujer. Esta diversidad psicológica que caracteriza lo masculino y lo femenino ha sido a veces interpretada como efecto del distinto momento en que ambos fueron creados: Adán fue creado el primero, y lo vemos extasiado ante el Universo y poniendo nombre a las cosas antes de conocer a su futura mujer; Eva es creada después y puesta inmediatamente delante de su marido. Por eso, la mujer lo ve todo a través del hombre: el amor, la maternidad, el hogar, la sociedad; en cambio, el hombre dispersa mucho más su atención y su interés; tiene muchos más problemas, mientras que la mujer sólo tiene, en realidad, uno. Sin embargo, la base de esta diversidad se halla en la misma creación de la mujer, según Gen. 2:22, donde el texto hebreo dice «fabricó» («banah»), y en la raíz de este verbo se encuentra la idea de intuición, como característica constitutiva de la mujer, lo cual la hace superior en el plano ético y espiritual, aunque el hombre, más fuerte e intelectual, ha de tomar la iniciativa conquistadora (Gen. 2:24). Así se entiende lo de «ayuda idónea» del vers. 18, para la soledad del hombre, única cosa no-buena que Dios vio en su creación. El «una sola carne» del v. 24 no se refiere únicamente a la unión sexual, sino también al consorcio en las mismas alegrías y penas de la vida, como si se tratase de una sola persona. u La unidad es tal, que el Gen. 2:23 presenta a Adán poniendo a la mujer el apelativo de «ishah» = varona, porque fue tomada del «ish» = varón. Creada del costado del hombre, la mujer siempre tira hacia el corazón (hace ascender lo sexual al corazón, mientras el hombre suele rebajar el corazón al sexo) y exige, ante todo, ser amada.
B’) Prolongar la especie humana por medio de la procreación. Por eso, en cuanto Dios los crea, los bendice y les dice: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra…» (Gen. 1:28). De ahí, la importancia que para un judío tenía el alcanzar posteridad, porque a través de ella alcanzaba en sus herederos el cumplimiento de las promesas divinas. Por eso, para un judío el no tener hijos, para una mujer el ser estéril, eran como una maldición de Dios.