Para el perfeccionamiento de la Iglesia

“Y el mismo dio unos, ciertamente apóstoles; y otros, profetas; y otros, evangelistas; y otros, pastores y doctores; para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13). Asociado muy de cerca con la edificación de la Iglesia, está el propósito eterno de Dios de perfeccionar la Iglesia. Los dones del Espíritu son manifiestos a través de individuos escogidos, apóstoles, profetas, evangelista, pastores, y doctores para que la Iglesia pueda ser hecha perfecta, esto es, que esté lista para Su segunda venida.
Aun cuando las personas sean cristianos devotos, siempre existe la posibilidad de que puedan ser descarriados por algún líder, plausible pero engañado por sí mismo, que llegue a conquistar su confianza. El pueblo de Dios necesita enseñanza, por hombres ungidos por Dios, que puedan discernir entre lo verdadero y lo falso, como dice Pablo en el versículo 14: “Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error” (Efesios 4:14)




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