El Nuevo Testamento presenta una prueba avasallante de la resurrección de Cristo. AI menos diecisiete apariciones de Cristo ocurrieron después de su resurrección. Estas son las siguientes: 1) Aparición a María Magdalena (In. 20:11-17; cr. Mr. 16:9-11); 2) aparición a las mujeres (Mt. 28:9-10); 3) aparición a Pedro (Lc. 24:34; 1 Co. 15:5); 4) aparición de Cristo a los diez discípulos, que se refiere colectivamente como «los once», estando Tomás ausente (Mr. 16:14; Lc. 24: 36-43; Jn. 20:19-24); 6) aparición a los once discípulos una semana después de su resurrección (Jn. 20:26-29); 7) aparición a siete de los discípulos en el Mar de Galilea (Jn. 21: 1-23); 8) aparición a los cinco mil (1 Co. 15: 6); 9) aparición a Santiago el hermano del Señor (1 Co. 15:7); 10) aparición a los once discípulos en la montaña en Galilea (Mt. 28: 16-20; 1 Co. 15:7); 11) aparición a sus discípulos con ocasión de su ascensión desde el Monte de los Olivos (Lc. 24:44-53; Hch. 1: 3-9) ; 12) aparición del Cristo resucitado a Esteban momentos antes de su martirio (Hch. 7:55-56); 13) aparición a Pablo en el camino a Damasco (Hch. 9:3-6; cr. Hch. 22: 6-11; 26:13-18; 1 Co. 15:8); 14) aparición a Pablo en Arabia (Hch. 20:24; 26:17; Ga. 1:12, 17); 15) aparición de Cristo a Pablo en el templo (Hch. 22:17-21; cf. 9:26-30; Ga. 1:18); 16) aparición de Cristo a Pablo en la prisión en Cesarea (Hch. 23:11); 17) aparición de Cristo al apóstol Juan (Ap. 1: 12-20). El número de estas apariciones, la gran variedad de circunstancias y las evidencias que confirman todo lo que rodea a estas apariciones, constituyen la más poderosa calidad de evidencia histórica de que Cristo se levantó de los muertos.
En adición a las pruebas que nos dan sus apariciones, puede aún citarse más evidencia que sostiene este hecho. La tumba estaba vacía después de su resurrección (Mt. 28:6; Mr. 16:6; Lc. 24:3, 6,12; Jn. 20:2,5-8). Es evidente que los testigos de la resurrección de Cristo no eran gente tonta ni fácil de engañar. De hecho, ellos eran lentos para comprender la evidencia (Jn. 20:9, 11-15, 25). Una vez convencidos de la realidad de su resurrección, deseaban morir por su fe en Cristo. Es también evidente que hubo un gran cambio en los discípulos después de la resurrección. Su pena fue reemplazada con gozo y fe.
Más adelante, el libro de los Hechos testifica del poder divino del Espíritu Santo en los discípulos después de la resurrección de Cristo, el poder del Evangelio el cual ellos proclamaron, y las evidencias que sostienen los milagros. El día de Pentecostés es otra prueba importante, ya que hubiera sido imposible haber convencido a tres mil personas de la resurrección de Cristo, quienes habían tenido oportunidad de examinar la evidencia si hubiera sido una mera ficción.
La costumbre de la Iglesia primitiva de observar el primer día de la semana, el momento de celebrar la Cena del Señor y traer sus ofrendas, es otra evidencia histórica (Hch. 20:7; 1 Co. 16: 2). El mismo hecho de que la Iglesia primitiva nació a pesar de la persecución y muerte de los apóstoles, sería dejado sin explicación si Cristo no se hubiera levantado de la muerte. Fue una resurrección literal y corporal, la cual transformó el cuerpo de Cristo conforme para su función celestial.
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Anónimo 15 abril 2010
cristo te amo ,cristo gia tu camino si tu lo haceptas en tu corazon